4.9.11

cuarto lugar.


Martín llegó al hostal más alejado de la civilización en busca de la calma y las vacaciones que le habían aconsejado. El hostal era atendido por una mujer de mediana edad, tan atractiva como misteriosa. Pasó una noche tranquila, era el único huésped y el silencio era absoluto. A la mañana temprano la dueña del hotel lo invitó a desayunar. Al bajar se encontró con una mesa con cuatro sillas armada para desayunar. En una estaba sentada una nena de unos 11 años. Martín se sentó enfrente de la nena, trató de armar diálogos pero no lo logró, hasta que le preguntó para quien era el cuarto lugar en la mesa. La nena levantó la mirada, miró con sus enormes ojos celestes fijamente a Martín y le contestó: “De mi padre”. Martín se excuso, le pidió disculpas explicándole que no sabía que su padre se encontraba en el hostal. La nena le sonrió y le dijo: “Mi padre hace 4 años desapareció, se fue y nunca volvió… Pero mi madre aún lo está esperando. Aunque ella dice que todavía está en el hostal.” Martín no contestó. La mujer entró y sirvió té en las cuatro tazas. Le sonrió a Martín, madre e hija comenzaron a desayunar. Y el cuarto asiento seguía vacío.

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